
El Oráculo despertó agitado, se trataba de otra pesadilla más. Miró detenidamente a sus nueve musas y se convenció: ya lo habían aburrido. Mañana las cambiaría a todas. Enseguida se puso a escribir:
Querido diario:
Tuve otra vez ese terrible sueño. Se abría la tierra y entre rugidos estelares se escuchaba: ¡No más impuestos, no más impuestos, no más impuestos!...el infierno hablaba.
Dejó de escribir, regresó a sus aposentos y despertó a las dos más nalgonas.
-Bienvenidas a su despedida-.

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