
El Oráculo de Delfos tenía dolor de cabeza. Se vio al espejo, y se dio cuenta de que tenía una mancha de color violeta en el cuello, similar a las que había encontrado en otras zonas de su cuerpo. Un cierto salpullido le impedía caminar. El olor a alcohol le resultaba insoportable, y todavía podía escuchar, tras la puerta, a sus pitonisas riendo y gritando.
Es cierto, se había excedido. Pero también es cierto que tenía que celebrar. Hacía tiempo que no había acertado en una predicción, y encima de manera tan precisa. La renuncia de Juanito; la alegría y los gestos vulgares de Clarita; incluso el berrinche y pisoteo de la corbata después de la toma de protesta.
El sabía. Lo había sabido siempre. Como también sabía que, después de esta demostración de poder, López Obrador vería siempre a Ebrard de una manera diferente, con más respeto. Pero también con un cierto rencor que no sabía cómo explicar. Porque Marcelo había terminado con el asunto de Juanito en tan solo 45 minutos, mientras que él mismo y sus enviados no habían podido hacer nada en todos estos meses. Marcelo lo había dejado hablar, y había permitido que creciera, opacándolo, sin haberle dicho que él tenía la solución.
Ahora no sabía bien a bien cómo abordarlo. Porque el aparato que Marcelo había construido en tan poco tiempo le daba un poco de temor.
Cierto, no era tan popular como él lo había sido, o como todavía lo era, pero tenía la información precisa y sabía como utilizarla. Tal vez incluso en contra suya.
Esa sería, tal vez, su próxima predicción. Solo tenía que pulirla un poco.
Con la satisfacción del trabajo cumplido, y bien hecho, pensó en que tendría que celebrar. El olor a alcohol ya no era tan insoportable.

Lo peor es que ni siquiera hubo una p...
Y pensar que la simpatía que gozaba e...
Buen articulo mi querido Xavier, fija...
Excelente la forma en que lo redactas...
Buenas tardes, me llamó la atención t...