
LA SALUD EN CLARO
De obesidad y cultura.
Por: Xavier Tello
Recientemente se ha tocado, el tema de la gran incidencia y prevalencia de obesidad infantil en nuestro país.
Con bastante razón, se ha culpado del problema a la dieta y productos que nuestros niños consumen mientras asisten a las escuelas. La discusión ha llegado a tomar sin embargo, algunos tintes poco objetivos (no diremos facciosos), al culpar exclusivamente a los llamados “alimentos chatarra” los cuales se consumen durante los recreos escolares y que se encuentran a la venta en las “tienditas” y cooperativas escolares.
El afán (sí) de encontrar culpables de la afección a la salud a los niños mexicanos entre la industria alimentaria trasnacional (y nacional) y hacerles pagar por ello, nos ha hecho perder de vista un componente fundamental del problema: Nuestra cultura alimentaria familiar básica.
Recientemente el Dr. Agustín Lara Esqueda, Director de Enfermedades Crónico Degenerativas de la Secretaría de Salud, ha dado a conocer una importante encuesta que demuestra tres hechos incontrovertibles:
1) Más del 50% de los alimentos que se expenden en las tiendas y cooperativas escolares son de origen “casero” producidos o cocinados in situ por los mismos maestros o autoridades del plantel. La característica fundamental de estos productos: son fritos en aceite.
2) La mayor parte de los niños en edad escolar se encuentran sobrealimentados (en términos calóricos) por la rutina alimentaria de la familia y las actividades del día.
3) La cantidad de ejercicio y actividad física que los niños realizan en la escuela, no alcanza las expectativas mínimas de los objetivos de la SEP.
La conclusión es clara; los “alimentos chatarra” juegan un papel importante en la generación de obesidad en los niños, sí; la cultura de lo que comemos en familia y como lo comemos… también.
Aunque solemos dar por hecho que nuestro ambiente familiar es intrínsicamente seguro y que las tradiciones mexicanas (tan “nuestras”) están libres de todo pecado, es importante hacer notar algunas peculiaridades que seguramente influyen en la obesidad de nuestra población.
- El abandono temprano de la lactancia materna, a cambio de una fórmula láctea que seguramente es endulzada con miel de maíz en el biberón.
- La abundante ingesta de atoles como sustituto de la leche, desde la primera infancia.
- La ingesta rutinaria de refrescos, ojo: no sólo en la escuela, sino como bebida de uso común en casa.
- La rutinaria saborización de la leche con aditivos como el chocolate (y la dosis concomitante de azúcar).
- La combinación de diversos carbohidratos en tamales, tortas, tacos y diversos platillos elaborados a base de harinas refinadas. Muchos niños asisten a la escuela habiendo desayunado una torta de tamal, la cual se puede comprar… afuera de la escuela.
- La escasez y desprecio de nuestra cultura hacia la ingesta de verduras y frutas.
- La ausencia casi total de pescado en la dieta de la población en México.
Estas y otras muchas costumbres alimentarias están muy seguramente contribuyendo a la obesidad e México, tanto en niños como en adultos.
Ciertamente que la industria alimentaria tiene una importante tarea que cumplir con el fin de coadyuvar a detener este problema; sin embargo, se requiere un cambio cultural y de hábitos (usos y costumbres) profundo, si realmente queremos resolverle desde su verdadera raíz.
En una próxima entrega hablaremos sobre los hábitos de actividad física.
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