
LA DIATRIBA DEL OSO
EL FUTURO DESARROLLO DE LA POLÍTICA EXTERIOR DE MÉXICO
Por: Jorge Alberto Calvillo Pérez
Hoy en día, la política exterior me gusta definirla como una actitud sumisa, centralizada en extremo (con esto me refiero a la centralización de los intereses mexicanos en Estados Unidos de Norteamérica) y no tan fuerte como era antes.
En primer lugar México debe dejar de lado la idea del voto colegiado en organizaciones internacionales ya sea con el sur o el norte y tiene que aprender a votar por sí mismo como se demostró en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas al votar en contra de la invasión norteamericana a Irak; esto le dio un gran prestigio temporal y una excelente imagen ante el mundo al liderar a la oposición de la invasión. Si bien, esto trajo represalias políticas y económicas un poco sutiles desde los Estados Unidos, la realidad es que esto es una actitud que México debería mostrar todo el tiempo.
México no debe tener miedo a represalias norteamericanas ya que ambos países son interdependientes, esto también es parte del problema ya que este enfoque tan grave hacia Estados Unidos de Norteamérica perjudica a México más que ayudarle. Para mi gusto el Tratado de Libre Comercio con América del Norte debe ser renegociado en igualdad de condiciones aunque si bien no económicas, políticas para no ser una simple zona de buffer para Canadá y para que se apoye más a la industria mexicana en lugar de la extranjera mientras que se mantiene un nivel de exportaciones aceptable; asimismo la “industria cultural” debe ser excluida del Tratado, para que de esta manera pueda desarrollarse y dársele mayor realce en nuestro propio país, un ejemplo entre muchos: dándole mayor tiempo de pantalla a nuestra cinematografía; de lo contrario México debe renunciar a él.
En contraste México debe buscar un acercamiento económico cada vez más estrecho con América Latina, Asia y Europa, inclusive de ser posible y viable con África. Es necesario para México diversificar sus intereses en todo el mundo y no solo con los Estados Unidos.
En otra mano políticamente además de mantener ciertas políticas comunes con el sur (el independiente momento de decidir) México tiene el reto de generar una política internacional efectiva en temas de seguridad, migración, narcotráfico con el norte, no solo dejarse llevar por las decisiones de ellos al igual que liderar al sur en estos temas.
Después de que se interrumpiera en el sexenio del Presidente Fox el tradicionalismo de la diplomacia mexicana, el actual Presidente Felipe Calderón supo remediar en cierto grado los errores foxistas y quien le suceda a Calderón deberá retomar fielmente los principios de legalidad y tradicionalismo que siempre representaron a México.
Aunque si bien sufrimos deficiencias crónicas en capital y tecnología, esto debería servir como un llamado al deber a la imperiosa necesidad de fortalecer estas áreas. Como todos los aspectos previamente mencionados esto también gira sobre la capacidad pivote de México para diversificar los intereses nacionales.
México deberá darse cuenta de la ventajosa situación geopolítica en la que está situado y dejar de verlo como una fatalidad. Nuestro país es uno de las más grandes de Latinoamérica, somos el puente entra América del Norte y América del Sur, el país latinoamericano con acceso a los dos Océanos, Atlántico y Pacifico así como al Caribe, al cual considero nuestra tercer frontera. Geográficamente somos parte de Norteamérica, ergo, somos parte del Atlántico del Norte y del Pacifico del Norte, las dos áreas geopolíticas donde se toman las decisiones que realmente afectan el devenir internacional.
Es por esto que afirmo que nuestra posición geopolítica es tan importante como nuestra historia, nuestra cultura, nuestros valores (por decadentes que se encuentren), nuestra capacidad de defensa o nuestro grado de desarrollo económico; esta es la oportunidad perfecta de México para traducirse en un exitoso programa de diversificación. Como comenta José Juan de Olloqui, “nuestra política debe ser como un abanico, es decir una política que sepa aprovechar todas nuestras dimensiones para edificar un programa más flexible y abierto”.
En conclusión, México debe identificar claramente el interés nacional, la realidad internacional, evaluar sus recursos, pensar a largo plazo y encadenar los objetivos a mediano y corto plazo, saber diversificar sus objetivos y mejorar la evaluación de las políticas. Esto a grandes rasgos es lo que debe hacer México ahora, para en un futuro tener una política exterior plena.
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