
Es la hora de los locos. Uno, secuestra un avión, le exige a la tripulación dar siete vueltas al Distrito Federal y luego asegura tener una bomba que hará estallar si no habla con el presidente Calderón. Le tenía que decir que un terremoto era inminente en el centro del país, pues se lo había dicho Dios. El otro, está haciendo una pinta en los muros del Metro Balderas a las cinco de la tarde, cuando los andenes están a rebosar de usuarios, y escribe algo así como que el actual es “un gobierno de criminales” y, al momento en que un agente policial intenta detenerlo, le dispara, además mata luego a un transeúnte que intenta frenarlo y deja heridas a otras cinco personas. El primero se presenta como un pastor, el segundo como un estudioso de veterinaria, eso dice su familia, que quería irse a Estados Unidos. El primero dijo que quería hablar con el presidente Calderón, el segundo con el jefe de Gobierno Marcelo Ebrard. Los dos, coinciden las autoridades, están desequilibrados. Y los dos han provocado un clima de desasosiego en la capital del país como no se veía desde hace años.

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